Introducción a la Piscina

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Una piscina es el conjunto de construcciones e instalaciones que comportan la existencia de uno o más vasos, destinados al baño colectivo, natación o prácticas deportivas, incluidas en el recinto del establecimiento.

De esta definición se deduce, sin embargo, que el uso de las piscinas entraña un potencial riesgo sanitario si las instalaciones no reúnen las condiciones adecuadas o si no se establecen los mecanismos necesarios para garantizar la calidad óptima del agua, sometida a múltiples procesos de contaminación como veremos.

La experiencia ha demostrado el papel fundamental que desempeñan los encargados de las piscinas en el mantenimiento de las condiciones de salubridad tanto de las instalaciones como del agua. Es por ello que existen legislaciones específicas en el ámbito de la regulación de las condiciones higiénico-sanitarias de las piscinas de uso colectivo.

Estas legislaciones varían ligeramente en función de la Comunidad Autónoma en la que nos encontremos. No existe una Normativa Técnica (UNE o similar) a nivel nacional y, como las Comunidades Autónomas tienen transferidas las competencias en materia de sanidad, cada una ha reglamentado según su mejor criterio sobre las condiciones higiénico-sanitarias que deben cumplir las piscinas de uso colectivo.

En el caso específico de la Comunidad de Madrid (Decreto 80/1998, de 14 de mayo, por el que se regulan las condiciones higiénico-sanitarias de la piscinas de uso colectivo y Ordenanza de 28/01/1999 por la que se Regulan las Condiciones Sanitarias, Técnicas y de Seguridad de las Piscinas) están excluidas de la aplicación de la normativa: Las piscinas unifamiliares, las de aguas terapéuticas o termales así como las instalaciones de tipo jacuzzi que quedan sometidas a sus propias normas. Las piscinas de uso colectivo de Comunidades de Vecinos hasta un máximo de 30 viviendas. Las piscinas situadas en los parques acuáticos deben cumplir con las normas especificadas en el Decreto 128/1989, de 20 de diciembre, por el que se regulan las condiciones higiénico-sanitarias de los

ACCIDENTES, INTOXICACIONES E INFECCIONES El uso de las piscinas, como cualquier otra actividad, puede entrañar riesgos para la salud. Los riesgos sanitarios derivados del uso de las piscinas pueden clasificarse en dos grupos: 1. Accidentes. 2. Infecciones e intoxicaciones.

Accidentes: La causa de los accidentes puede ser consecuencia de un diseño inapropiado, por un mantenimiento deficiente de las instalaciones, o por el mal uso que puedan hacer los usuarios de las mismas. Se pueden clasificar en dos tipos, según la causa: A. Lesiones traumáticas: Pueden ser ocasionadas por golpes, caídas, resbalones…, que pueden originar desde lesiones leves, como heridas rozaduras y cortes, hasta traumatismos graves como fracturas, o lesiones vertebrales (como consecuencia de zambullidas en zonas poco profundas o desde gran altura). B. Accidentes por inmersión: Pueden ser ocasionados por retenciones subacuáticas, como por ejemplo una deficiente protección del sistema de desagüe o la existencia de un único desagüe, en aspiraciones laterales no protegidas, o por atrapamientos en canalizaciones no protegidas entre piscinas, así como, inadecuadas medidas de seguridad, mal uso por parte de los usuarios, etc.

Infecciones e Intoxicaciones: Ya se ha comentado que los vasos están permanentemente llenos de agua. Como todo volumen de agua estancada, la de las piscinas está sometida a procesos de degradación incrementados por la continua inmersión de personas que actúan como vehículos de agentes contaminantes. Antes en las piscinas se vaciaba el vaso cuando era evidente que el agua estaba sucia. Sin embargo, este procedimiento no garantiza la calidad sanitaria del agua además de suponer un derroche de un recurso escaso. En la actualidad, las aguas de piscinas se regeneran en un circuito cerrado, es decir, el agua progresivamente contaminada por los bañistas se somete a un tratamiento adecuado y se vuelve a introducir en la piscina.

Entre los agentes causantes de la contaminación encontramos:

Contaminación química: debida a un inadecuado funcionamiento del sistema de depuración, por el uso de sustancias químicas no autorizadas o por el mal uso de éstas, por adicionar productos químicos directamente en el vaso, etc.

Bacterias: pueden causar distintas infecciones (rinitis, otitis, conjuntivitis, piodermitis, forunculosis, gastroenteritis, etc.) dependiendo del tipo de bacteria. Durante el baño la flora microbiana de las mucosas suele pasar al agua y aunque no sea patógena habitualmente, puede infectar a personas que tengan las defensas disminuidas.

Virus: Se pueden encontrar en el agua y en las zonas húmedas, produciendo enfermedades como el papiloma, poliomielitis, hepatitis A, etc. Los virus los transmiten las personas enfermas y aunque pueden ser eliminados mediante floculación y posterior filtración, son resistentes a las dosis habituales de cloro por lo que la prevención adquiere mayor importancia. Se debe advertir a los portadores del riesgo que generan, utilizar calzado de uso exclusivo para el recinto, etc.

Hongos: Aunque no se desarrollan directamente en el agua de baño constituyen otra fuente de contaminación a tener en cuenta. Los hongos son causantes del herpes, pie de atleta, candidiasis, etc. Se suelen desarrollar en zonas húmedas encontrándolos fundamentalmente en las zonas de playa y vestuarios por lo que se debe extremar la limpieza de estas zonas al finalizar la jornada con un producto desinfectante.

Algas: Pueden proliferar debido a tratamientos inadecuados del agua o a la presencia de nitratos (la lluvia aporta nitratos), y favorecen la formación de un biofilm donde proliferen bacterias y hongos. Las algas son plantas acuáticas, que se nutren del dióxido de carbono y materia orgánica que existe en el agua. No debe haber proliferación de algas en el agua de una piscina con una instalación de tratamiento adecuada.

Parásitos: Causan diarreas severas, el más importante por su resistencia al cloro es el Crystosporidium (causante brotes). Tienen origen intestinal.